sábado, 3 de enero de 2009

El elogio de la locura




Erasmo de Rotterdam nos introduce a su Elogio de la locura con una dedicatoria: “Erasmo de Rotterdam a su amigo Tomas More: ¡Salud!” Presenta el tema que inmediatamente obliga a pensar en un disparate o divertimento de parte del autor y no esperamos la ironía punzante, profunda de cada una de las palabras e ideas expuestas. Rotterdam hace hablar a la “locura” con una primera persona que nos acerca y envuelve, en realidad nos reta a vislumbrar a tal personaje… es entonces cuando quizá demasiado tarde, nos reflejamos en este espejo tramado para desgarrar y discernir la profundidad, o superficialidad (según sea el caso) de nuestra propia persona… nos demuestra la ambigüedad de lo que consideramos cierto, nos coloca frente a la relatividad de conceptos e ideas comunes, nos enfrenta a lo humano: Es profundamente indiferente saber cuál de los dos, la tierra o el sol, gira alrededor del otro. Para decirlo todo, es una futilidad. En cambio veo que mucha gente muere porque considera que la vida no merece la pena de ser vivida. Veo a otros que se dejan matar, paradójicamente, por las ideas o ilusiones que les dan una razón de vivir (lo que llamamos una razón de vivir es al mismo tiempo una excelente razón de morir). Juzgo, pues, que el sentido de la vida es la más apremiante de las cuestiones.  Es entonces cuando nos damos cuenta de la capacidad e inteligencia de Erasmo de Rotterdam; no importa si hace hablar a la locura de los filósofos, los religiosos, los poetas, del simple o los dioses y el cielo en cada uno de ellos nos muestra cierto grado de locura sin el cual sería imposible la vida ¿Cuál es el fin? Parece preguntarnos en cada tema abordado y nos dice que son sólo ideas que permean lo de verdad importante: Lo humano, el hombre, la tierra, el alimento, las necesidades básicas que siempre son generadas desde el cuerpo… La inmortalidad, la belleza, lo excelso no existen si no hay cuerpo, si no hay locura que de equilibrio a la “razón”, incluso la sabiduría debe tener cierto grado de locura porque no hay forma de privarnos de lo que es esencia de todo ser humano: el cuerpo.


Bibliografía.
Erasmo de Rotterdam, El elogio de la locura, Folio, Barcelona, 173 p.